Después de fingir mi muerte arrojándome al mar, el villano se volvió obsesivo - Capítulo 14

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  4. Capítulo 14 - Perfume
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La mente de Zhao Muqing se quedó en blanco por un instante. Después de darle vueltas durante un buen rato sin llegar a ninguna conclusión, giró el rostro hacia Shen Guanzhi y preguntó con una sonrisa incómoda:

—¿A qué te refieres?

—A lo de meterte en la cama de un diseñador.

El tono de Shen Guanzhi era frío, como si aquel asunto le molestara tanto que incluso pronunciar unas palabras más al respecto le ensuciara la boca.

Solo entonces Zhao Muqing recordó que, además de ser un modelo desconocido, también tenía una reputación desastrosa. Cuando acababa de transmigrar y firmó el contrato, Shen Guanzhi ya había mencionado haber oído rumores de que lo habían echado de la cama de alguien.

Naturalmente, Zhao Muqing no tenía forma de comprobar en ese momento cuánto había de cierto en aquellos rumores, así que no le quedó más remedio que intentar salir del paso.

—Si con ese diseñador te refieres a ti, entonces supongo que sí es verdad.

Los dedos de Shen Guanzhi se cerraron con un poco más de fuerza alrededor de su mano.

—Sabes perfectamente que no estoy preguntando por eso.

—Si tanto te importa, seguro que tienes tus propios medios para averiguarlo, ¿no?

Zhao Muqing fingió tranquilidad y movió la muñeca que Shen Guanzhi todavía sujetaba, intentando liberarse.

Si seguía interrogándolo, pronto se quedaría sin excusas con las que engañarlo.

Shen Guanzhi claramente no quedó satisfecho con su reacción y lo soltó de golpe. Solo entonces Zhao Muqing descubrió que unos tenues rastros rojizos habían quedado marcados sobre su piel.

—A dormir.

Zhao Muqing se apresuró a acostarse obedientemente a un lado de la cama, levantó la manta y se envolvió con ella.

…

El vuelo de regreso a Dongyuan estaba reservado para la tarde, así que Zhao Muqing aprovechó para dormir hasta despertarse por sí solo.

Aunque las cortinas estaban cerradas, aún podía percibir la luz del sol que se filtraba desde el exterior, probablemente por los pequeños espacios de los bordes.

Shen Guanzhi estaba sentado frente al escritorio, dibujando algo en su tableta.

Zhao Muqing ni siquiera necesitaba adivinar para saber que se trataba de un diseño.

No se molestó en cambiarse la camiseta de manga corta ni los pantalones cortos que llevaba y se sentó directamente junto al escritorio de Shen Guanzhi.

En la esquina superior izquierda había un pequeño estante. Zhao Muqing bajó la mirada y observó con atención. Casi todos eran libros especializados en gemología y diseño de joyería, aunque entre ellos también había algunos materiales de estudio de preparatoria.

Al notar que Shen Guanzhi estaba pendiente de él, Zhao Muqing puso un dedo sobre un grueso libro de ejercicios para el examen de ingreso a la universidad.

Después de confirmar que el otro no tenía intención de impedírselo, lo sacó para echarle un vistazo.

El libro era bastante grueso. Por lo que veía, Shen Guanzhi había estudiado la rama de ciencias. Contenía exámenes de años anteriores de las seis materias, separados mediante marcadores de distintos colores. A simple vista, el material no parecía precisamente barato.

Zhao Muqing lo hojeó al azar.

Shen Guanzhi había cometido poquísimos errores y prácticamente no había tomado apuntes. Solo algunos de los problemas finales más difíciles tenían anotaciones en tinta roja.

Zhao Muqing estaba convencido de que Shen Guanzhi debía haber sido uno de esos estudiantes prodigio insoportablemente presumidos en la preparatoria.

Después de todo, incluso ahora parecía bastante arrogante.

Por lo que Zhao Muqing sabía de las carreras artísticas, para estudiar diseño de joyería era necesario presentarse al examen conjunto de bellas artes.

Eso significaba que Shen Guanzhi probablemente había decidido dedicarse a esa profesión cuando todavía estaba en la preparatoria.

—Shen Guanzhi.

Zhao Muqing acercó su silla un poco más.

—¿Cómo se te ocurrió estudiar esto?

—A mi madre le gustaban mucho las joyas.

La punta del lápiz de Shen Guanzhi se detuvo por un instante.

—Ella creía que cada pieza tenía un significado diferente.

—Cierto. ¿No dijiste que tu abuelo materno le había dejado una gema? Entonces debía ser muy importante para ella, ¿no?

Zhao Muqing recordó de pronto lo que Shen Guanzhi había contado el día anterior: su madre le había regalado una gema a su esposo.

—Es decir…

—Lo fue en su momento. Cuando mi abuelo todavía vivía, me contó que mi madre esperaba poder subir algún día al escenario llevando esa gema.

Shen Guanzhi terminó el último trazo y finalmente levantó la mirada hacia Zhao Muqing.

—Ahora que lo mencionas…

Zhao Muqing se tocó la barbilla mientras una conjetura surgía naturalmente en su mente.

—No estarás haciendo un diseño para tu madre, ¿verdad?

—¿Quieres verlo?

Shen Guanzhi apartó la mano y dejó la tableta sobre el escritorio.

—Claro.

Zhao Muqing estiró inmediatamente el cuello hasta poder ver bien el diseño.

Sobre la gema había un motivo semejante a unas alas, que le hizo pensar en un ave ligera posándose sobre un escenario. La gema, sin lugar a dudas, constituía el centro visual de toda la pieza.

—Espero que en su próxima vida sea un ave libre sobre el escenario —dijo Shen Guanzhi de repente.

—Seguro que lo será.

A Zhao Muqing le gustaban mucho tanto el diseño como el significado que encerraba, así que no pudo evitar contemplarlo durante un rato más.

—¿Vas a llevárselo a su tumba?

Shen Guanzhi hizo una pausa.

—Me temo que no sería conveniente. Ahora mismo, esa gema no puede mostrarse fácilmente en público.

Zhao Muqing estuvo a punto de preguntar por qué, pero varias piezas encajaron de pronto en su cabeza.

Recordó que, cuando Zhou Ling se había enfrentado a Shen Guanzhi en la azotea, había mencionado un nombre:

Dryad.

Por aquella conversación, era evidente que Dryad era una gema y que, además, tenía un valor extraordinario. De lo contrario, Zhou Ling no habría estado tan obsesionado con ella.

Y Zhao Muqing recordaba perfectamente que Shen Guanzhi había reconocido personalmente que Dryad no era mercancía de contrabando.

Pertenecía a su madre.

—De repente pones esa cara.

Shen Guanzhi había notado claramente su cambio de expresión. Guardó la tableta y preguntó con aparente indiferencia:

—¿Ya lo entendiste?

—Supongo que sí.

—No le cuentes a nadie lo de la gema.

Shen Guanzhi se puso la chaqueta del traje que descansaba sobre el respaldo de la silla.

—De lo contrario, podrías meterte en problemas.

—Lo sé. Tampoco es que me guste buscarme la muerte.

Zhao Muqing hizo frente a sus labios el gesto de cerrar una cremallera.

…

Nada más regresar a Dongyuan, Zhao Muqing fue directamente a la oficina de Li Shuqiao.

Había olvidado en el auto el juego de perfumes que le habían regalado en el evento. Li Shuqiao no había tenido más remedio que guardárselo temporalmente, pero Zhao Muqing había llegado incluso a marcharse de Taoyu sin acordarse de recuperarlo.

Li Shuqiao lo regañó un buen rato.

Zhao Muqing aceptó dócilmente todas sus quejas y no se atrevió a hacer otra cosa que asentir.

Cuando terminó, salió de la oficina y se encontró casualmente con Shen Guanzhi en el pasillo.

Era evidente que Shen Guanzhi no había ido a buscarlo a él, así que Zhao Muqing se limitó a saludarlo antes de desaparecer apresuradamente al doblar la esquina.

Shen Guanzhi observó brevemente su espalda y luego entró en la oficina de Li Shuqiao.

—¿Cómo está? —preguntó directamente nada más entrar.

—Bastante bien últimamente. Los profesores tienen una buena opinión de él.

Li Shuqiao jugueteó distraídamente con la rosa que descansaba sobre su escritorio.

—Dentro de un tiempo podemos empezar a organizarle algunos eventos poco a poco para ayudarlo a mejorar su reputación.

Shen Guanzhi no dijo mucho más, dando tácitamente su aprobación.

—Esa rosa, ¿quién te la dio?

—Muqing. Compró un ramo enorme en Taoyu y me regaló una.

Li Shuqiao ni siquiera había terminado de hablar cuando Shen Guanzhi se dio la vuelta y salió de la oficina sin decir una palabra.

—¿Y ahora qué le pasa?

Li Shuqiao no pudo evitar fruncir el ceño.

—Que yo sepa, en el estudio tampoco está prohibido tener flores. ¿Por qué pone esa cara?

Aunque por fuera Shen Guanzhi no parecía demasiado diferente de lo habitual, cuando fue a recogerlo después de clase, Zhao Muqing percibió cierta anomalía en su aura.

—¿Quién te hizo enojar?

Zhao Muqing se acercó con cautela, temiendo pisar sin querer algún terreno peligroso.

—Nadie.

Shen Guanzhi fingió indiferencia.

—Regresemos.

—¿No notas nada diferente en mí hoy?

Zhao Muqing se colocó delante de él y le bloqueó el paso.

Shen Guanzhi lo examinó de arriba abajo.

—¿Qué?

—Me puse perfume. Aunque quizá el aroma ya se haya desvanecido un poco.

Zhao Muqing acababa de recuperar el juego de perfumes y no había podido resistirse a escoger inmediatamente una fragancia que le gustaba para probarla.

—Todos los demás dijeron que huele bien. ¿Quieres olerlo?

Shen Guanzhi soltó de pronto una leve risa y extendió una mano hacia él.

—Ven aquí.

Zhao Muqing se había puesto perfume antes de ir a clase. Sus compañeros modelos también habían dicho que olía bien, aunque consideraban que la fragancia no encajaba demasiado con su temperamento.

Él solo quería conocer la opinión de Shen Guanzhi y preguntarle si aquel perfume le quedaba bien.

Sin embargo, Shen Guanzhi colocó una mano sobre su hombro y la otra detrás de su cabeza.

Sus miradas se encontraron de repente.

Por un instante, parecía que fueran a besarse al segundo siguiente.

Zhao Muqing parpadeó con cierta incomodidad.

Shen Guanzhi ladeó el rostro.

La punta de su nariz quedó prácticamente pegada al cuello de Zhao Muqing. Su cálido aliento rozó la piel, provocándole cosquillas y haciendo que Zhao Muqing intentara apartarse instintivamente.

—No te muevas.

Shen Guanzhi apretó con mayor firmeza su hombro.

La mano apoyada detrás de su cabeza acarició suavemente el cabello de Zhao Muqing, casi como si intentara tranquilizarlo.

—Tú me pediste que lo oliera.

Permaneció junto a su cuello y respiró profundamente.

Después, la punta de su nariz ascendió lentamente siguiendo la curva del cuello hasta que sus labios quedaron junto a la oreja de Zhao Muqing.

—Huele muy bien, pero no es adecuado para ti.

—¿En serio? ¿Tú también piensas eso?

Zhao Muqing no pudo evitar sentirse decepcionado.

Le gustaba bastante aquella fragancia, pero parecía que tendría que regalársela a alguien.

—¿No era precisamente esto lo que querías oírme decir?

Shen Guanzhi lo soltó como si nada hubiera ocurrido.

—He visto muchas veces este tipo de tácticas. Pero esta vez puedo dejarme atrapar.

—¿Eh?

Zhao Muqing prácticamente se quedó petrificado.

Entendía todas y cada una de las palabras que Shen Guanzhi había pronunciado por separado, pero juntas no tenía ni idea de qué demonios significaban.

—Compórtate. Regresemos.

Shen Guanzhi salió por la puerta sin más.

Zhao Muqing tardó unos segundos en reaccionar antes de seguirlo.

¿Cuándo se había portado mal?

Por mucho que lo pensara, el único que acababa de comportarse de manera extraña era el propio Shen Guanzhi.

…

El fin de semana, Zhao Muqing permaneció en su habitación de la villa.

Por casualidad, Shen Guanzhi había tenido que salir para atender un asunto de trabajo, y comer solo hizo que Zhao Muqing disfrutara todavía más de su libertad.

Una empleada llamó a la puerta.

Zhao Muqing se apresuró a abrir y ella le entregó una pequeña caja de aspecto exquisito, explicándole que Shen Guanzhi había dado instrucciones de que se la entregaran personalmente.

Zhao Muqing aceptó la caja.

Después de despedir a la empleada, se sentó frente a la mesa y desenvolvió cuidadosamente el paquete.

Solo entonces descubrió que contenía un frasco de perfume.

Con un empaque tan elaborado, difícilmente podía ser barato.

Roció un poco en el aire.

Era una fragancia fresca y fría.

A Zhao Muqing le gustó mucho.

Así que, a ojos de Shen Guanzhi, ese era el tipo de aroma que le quedaba bien.

En realidad, algunos compañeros de las clases de formación también habían comentado que Zhao Muqing tenía el aire de un joven señor de familia distinguida, aunque su personalidad era completamente diferente de esa imagen.

Zhao Muqing estaba a punto de guardar nuevamente el perfume en su caja cuando reparó en una pequeña nota en el interior.

Como ya había visto los ejercicios de preparatoria escritos a mano por Shen Guanzhi, reconoció su caligrafía de inmediato.

Sobre el papel, escrito con tinta negra, había una sola línea:

«Antes de venir esta noche a mi habitación, ponte el perfume que te regalé».

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