Después de un matrimonio concertado con un Alfa de élite, el Omega dramático se volvió más dulce - Capítulo 19
Una vez programada la ruta, el vehículo flotante avanzó suavemente hacia el Distrito Siete. El trayecto duraría aproximadamente quince minutos.
Chi Ning mantenía ambas manos sobre las rodillas y, de vez en cuando, observaba de reojo la expresión de Chu Shaochen, que permanecía sentado a su lado con los ojos cerrados.
Desde que habían salido de casa, Chu Shaochen no había pronunciado una sola palabra, lo que lo tenía bastante inquieto.
Sin embargo, seguía sin poder comunicarse con Tang Xi y temía que le hubiera ocurrido algo.
—General…
—Piensa bien lo que vas a decir antes de hablar.
A Chu Shaochen no le importaba qué lugares hubiera frecuentado Chi Ning ni con qué personas se relacionara.
Lo que no quería era que le mintiera.
Chi Ning nunca había escuchado a Chu Shaochen hablarle en aquel tono. Instintivamente, apretó la tela de sus pantalones entre los dedos.
La fuerza con la que la sujetaba aumentaba y disminuía, al igual que la inquietud que sentía en su corazón.
Comprendía que Chu Shaochen no quería que inventara mentiras para engañarlo.
Pero ¿cómo iba a explicarle que los libros que compraba en la tienda de Tang Xi eran todos libros subidos de tono?
¡Aquellas publicaciones eran conocidas como una contaminación espiritual para los Omega!
Todavía le quedaba un poquito de vergüenza.
—Yo…
Chi Ning apenas consiguió pronunciar una palabra antes de que sus hombros temblaran ligeramente, como si le resultara extremadamente difícil continuar.
—No quiero mentirle, así que… ¿podría aceptarlo, general?
Chu Shaochen, que había estado descansando con los ojos cerrados, los abrió al escuchar aquel tono contenido y angustiado.
Se volvió para mirarlo.
—Los libros de ese lugar son más baratos, así que suelo ir con bastante frecuencia —confesó Chi Ning con vacilación.
Escogió cuidadosamente cada palabra, temiendo decir algo que pudiera considerarse una mentira.
En efecto, los precios de los libros en el mercado del Distrito Siete eran bastante económicos.
Al principio, había comenzado a visitar aquel lugar únicamente para comprar libros que no estuvieran relacionados con sus asignaturas.
Con el poco dinero que ganaba trabajando a tiempo parcial, apenas conseguía cubrir los gastos de manutención que debía pagar.
¿De dónde iba a sacar dinero extra para comprar libros?
Su única opción había sido buscar ofertas en el mercado subterráneo.
Pero quién iba a imaginar que…
Mientras buscaba libros baratos, terminaría descubriendo un mundo completamente nuevo.
Resultaba que los Omega también podían estudiar mecas.
No estaban limitados a aprender cosas como el Manual del Omega después del matrimonio, la Guía del embarazo para Omega o Cómo superar el período de celo de un Omega.
Podían elegir su propio camino en la vida, en lugar de existir únicamente como herramientas para matrimonios concertados, destinadas a ser entregadas por sus familias a las camas de distintos Alfa.
Chi Ning volvió la mirada hacia la ventana y apoyó una mano sobre el cristal.
La ciudad era magnífica y hermosa. Incluso durante el día, aquel astro lejano apenas se distinguía como un halo de luz difusa entre la bruma.
—Antes de ir al Distrito Siete, nunca supe que el mundo exterior fuera así. Los Omega también pueden trabajar y relacionarse normalmente con otras personas. No tienen que vivir rodeados de reglas y manuales desde que abren los ojos hasta que los cierran, como si hubieran nacido únicamente para convertirse en herramientas reproductivas de los Alfa. Yo…
La mente de Chi Ning estaba completamente ocupada por el libro que acababa de leer.
Cuando el Omega protagonista se enfrentaba a los cuestionamientos de los demás, aquellos habían sido precisamente sus pensamientos.
Chi Ning giró lentamente la cabeza para mirar a Chu Shaochen.
Las luces del vehículo se reflejaban en sus ojos negros, brillando y apagándose de manera intermitente, lo que hacía difícil distinguir su verdadera expresión.
Parpadeó suavemente y esbozó una sonrisa desolada.
—Sé que un Omega de mi posición social no debería frecuentar lugares como ese, que hacerlo podría convertirse en una mancha en su reputación. Pero ¿qué he hecho de malo? Solo soy un Omega común y corriente de bajo nivel. También tengo mis propios pensamientos y puedo sentir tristeza. Las personas que viven allí tampoco han hecho nada malo. ¿Por qué tenemos que dividirnos en clases por algo así?
Juzgar el valor de una persona únicamente por su nivel de feromonas ya era suficientemente absurdo.
Despreciarla por su origen o por el lugar donde vivía era, en sí mismo, una forma de discriminación y una injusticia.
Chu Shaochen se estremeció de pies a cabeza.
Contempló a Chi Ning.
Ninguna de aquellas palabras había sido pronunciada como un grito desgarrador, pero cada una parecía grabarse profundamente en su corazón.
Su mirada descendió hacia las manos que Chi Ning mantenía fuertemente entrelazadas por los nervios.
Después echó un vistazo a la pantalla del vehículo.
—Mmm.
Aquella única sílaba hizo que el corazón de Chi Ning se tranquilizara al instante.
Soltó un suspiro de alivio.
Menos mal que no había optado por inventar alguna mentira absurda.
De lo contrario…
¡Quizá Chu Shaochen lo habría arrojado directamente fuera del vehículo!
Chi Ning bajó los ojos, asintió ligeramente y dejó escapar una suave respuesta antes de sentarse obedientemente en su asiento.
Uf, menos mal que soy tan ingenioso.
Tang Xi tenía razón.
¡Los miembros de la familia Chi estaban completamente ciegos!
¿Cómo podían haber abandonado a su suerte a un tesoro tan extraordinario como él?
Quince minutos después, el vehículo llegó al Distrito Siete.
Apenas se detuvo, Chi Ning bajó rápidamente y salió corriendo en dirección a la tienda de Tang Xi, olvidándose incluso de Chu Shaochen.
Sin embargo, apenas había avanzado unos pasos cuando alguien lo sujetó del cuello de la ropa y lo arrastró de regreso.
Chi Ning levantó el rostro, visiblemente indignado.
—General, si sigue haciendo eso…
—¡Voy a terminar pareciendo un conejo al que levantan y llevan de un lado a otro!
Al menos podría cambiar de método.
Por ejemplo, rodearle la cintura con un brazo o sujetarlo del brazo.
Y si ninguna de esas opciones le parecía adecuada, ¡podía simplemente llamarlo para que se detuviera!
Él era tan obediente.
¿Acaso iba a escaparse?
Chu Shaochen recorrió los alrededores con la mirada.
Varias personas los observaban con evidente recelo, dejando claro que aquellos dos forasteros no eran precisamente bienvenidos.
—Compórtate. La seguridad del Distrito Siete es mejor que la del Distrito Doce, pero tampoco es tan buena como para que un Omega ande vagando por ahí cuando está a punto de anochecer.
Soltó el cuello de su ropa y, en su lugar, le tomó la mano.
—No te muevas demasiado o podrías hacer que se me abra la herida.
Al escuchar aquello, la urgencia que consumía a Chi Ning se desvaneció inmediatamente.
Respondió con un obediente «oh» y comenzó a caminar junto a Chu Shaochen.
Casi se había olvidado de sus heridas.
¡Qué problema sería si volvieran a abrirse!
Los de la Federación tampoco eran tontos.
Si aquel funcionario de la Oficina del Secretario del Comité Federal volvía a presentarse en su casa, ¿no se daría cuenta de que lo habían hecho a propósito?
Definitivamente, no podían utilizar el mismo truco dos veces.
Después de caminar unos pasos, Chi Ning miró a Chu Shaochen con creciente sospecha.
Su pequeño rostro se ensombreció y se detuvo en seco, negándose a avanzar.
—General…
Se esforzó por controlar el volumen de su voz y alargó las palabras.
—Me está engañando.
La herida estaba en el lado izquierdo, pero ahora le estaba sujetando la mano derecha.
¡¿Cómo podía aprovecharse de su bondad para engañarlo de aquella manera?!
Chu Shaochen arqueó una ceja y respondió con absoluta seriedad:
—Cuando una parte del cuerpo se mueve, puede afectar a las demás. No te estoy engañando. Pero dime a qué calle quieres ir y te llevaré directamente.
Chi Ning lo observó con desconfianza.
Sin embargo, cuando sus ojos se encontraron con aquellos ojos excesivamente hermosos, no tardó en rendirse.
—Está bien. Le creeré por esta vez.
De repente, recordó que seguía sin poder contactar a Tang Xi y volvió a ponerse ansioso.
Se apresuró a decir:
—¡A la Calle Tres! Hay una tienda que tiene muchísimo éxito. ¡Si llegamos demasiado tarde, seguro que se habrá agotado el libro que quiero comprar!
Chi Ning miró a Chu Shaochen con una expresión lastimera.
—General, de verdad solo me falta un volumen para completar la colección.
Nunca antes había mostrado una expresión tan afligida.
Parecía que, si no conseguía aquel libro, el cielo entero se desplomaría sobre su cabeza.
Solo le faltaba el último volumen, el que contenía el desenlace de la historia y que saldría a la venta aquella semana.
Tang Xi ya se lo había mencionado anteriormente e incluso le había recordado que pasara a recogerlo.
Chu Shaochen quedó completamente cautivado por aquella expresión.
En ese momento, habría estado dispuesto incluso a arrancar la luna del cielo con tal de cumplir el deseo de su Omega.
Olvidó por completo cuestionarse si era razonable que una librería abriera al anochecer.
Simplemente recuperó de su memoria el mapa del Distrito Siete y trazó rápidamente la ruta más corta.
Por fortuna, la Calle Tres no estaba demasiado lejos de donde se encontraban.
Aproximadamente cinco minutos después, Chu Shaochen condujo a Chi Ning hasta aquella calle.
Chi Ning todavía estaba sorprendido por lo bien que Chu Shaochen conocía el lugar cuando, de repente, escuchó varios estruendos de objetos rompiéndose.
Su corazón comenzó a latir con fuerza.
En silencio, rezó para que Tang Xi estuviera a salvo.
Los objetos rotos siempre podían reemplazarse.
Pero si una persona perdía la vida, todo se reduciría a cero.
Y una vez que todo llegaba a cero, ya no quedaba absolutamente nada.
Solo se convertiría en una diminuta partícula de polvo en el universo, flotando durante cientos de millones de años.
Rodearon la tienda por un callejón lateral hasta llegar a la entrada principal.
Chi Ning contempló el establecimiento, que había quedado prácticamente destrozado, y abrió los ojos de par en par.
Comenzó a mirar desesperadamente a su alrededor, buscando a Tang Xi.
Chu Shaochen le dirigió una mirada de reojo y después observó el mercado de libros, que parecía haberse convertido en un campo de batalla.
—¿Dijiste que el negocio iba muy bien?
—…Precisamente porque le va tan bien, ha despertado la envidia de otras personas.
Chu Shaochen guardó silencio durante unos segundos.
—¿Conoces bien al dueño?
Chi Ning, que había estado tan concentrado en buscar a Tang Xi, finalmente volvió en sí.
Giró bruscamente la cabeza hacia Chu Shaochen y abrió mucho los ojos.
Después de considerar cuidadosamente sus palabras, dirigió la mirada hacia el grupo de matones callejeros que se acercaba a ellos.
Apretó los dientes y cerró los ojos.
—Bueno… digamos que lo conozco bastante, pero tampoco demasiado.