Después de un matrimonio concertado con un Alfa de élite, el Omega dramático se volvió más dulce - Capítulo 20

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  4. Capítulo 20
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—¿Quiénes son ustedes? ¿Acaso nunca han oído hablar de los Seis Tiranos del Distrito Siete?

—¡¿Se atreven a meterse en nuestros asuntos?!

Varios matones callejeros, armados con bates de béisbol, se acercaron a Chi Ning y Chu Shaochen. Se detuvieron frente a ellos y comenzaron a lanzar insultos y provocaciones.

Al ver aquella escena, las personas de los alrededores se apresuraron a refugiarse en las tiendas cercanas, temiendo verse involucradas si estallaba una pelea.

Aquellos hombres eran muy conocidos en todo el Distrito Siete.

Pero no precisamente porque fueran respetados, sino porque eran unos Alfa que aterrorizaban a todos los habitantes de la zona.

Sus niveles de feromonas no eran particularmente elevados, pero para la gente común, un grupo de Alfa reunidos para causar disturbios ya representaba una amenaza considerable por su capacidad destructiva.

Además, aquellos seis individuos eran unos auténticos temerarios, dispuestos a jugarse la vida con tal de imponerse a los demás.

Ni siquiera la policía federal había conseguido hacer nada contra ellos.

Chi Ning percibió el olor de las feromonas de mala calidad que flotaban en el aire.

Era un aroma amargo y desagradable, exactamente como lo describían los libros.

Solo los Alfa que pasaban años entregados al alcohol, la diversión y los placeres carnales desprendían feromonas con un olor tan repugnante.

Chi Ning arrugó la nariz, sujetó el brazo de Chu Shaochen y se colocó de lado frente a él para protegerlo.

Cuando el Alfa que encabezaba el grupo distinguió claramente el rostro de Chi Ning, sus ojos adquirieron de inmediato un brillo lascivo.

Se pasó una mano por los labios.

—¿De dónde salió un Omega tan hermoso? ¿Viniste a complacernos? ¿Quieres unirte a nosotros y pasar un buen rato con tus hermanos mayores…?

—¡Deja de decir tonterías!

Chi Ning lo interrumpió.

—¡Un Alfa tan espantoso como tú debería estar en una planta de reciclaje de basura, no aquí abriendo la boca para soltar estupideces!

¿Qué hago? ¿Qué hago?

Chu Shaochen está herido. ¿Cómo voy a enfrentarme yo solo a todos estos Alfa?

Ni siquiera estaba seguro de poder vencer a uno en un combate individual, mucho menos a todo el grupo.

Aunque su glándula no podía liberar feromonas, eso no significaba que fuera incapaz de percibir las de otras personas.

Solo en aquel momento comprendió verdaderamente lo agradable que era el aroma de las feromonas de Chu Shaochen.

El ciprés azul helado no desprendía un olor penetrante. Por el contrario, poseía una fragancia amaderada, fresca y ligeramente fría.

Normalmente, Chu Shaochen no liberaba deliberadamente sus feromonas delante de él.

Solo en ocasiones podía sentir cómo aquel aroma a ciprés azul helado lo envolvía de manera tenue e intermitente, haciendo que incluso el aire pareciera volverse más suave y seco.

—General, está herido. Déjeme encargarme de estos tipos. ¡Por favor, no intervenga!

Chi Ning fulminó con la mirada a los hombres que se acercaban y le susurró a Chu Shaochen:

—Soy un Omega. ¡Si me hacen daño, la Asociación de Protección de los Omega puede demandarlos!

—Tsk, este pequeño Omega parece bastante feroz. No importa, precisamente así me gustan. Los que no tienen carácter ni siquiera me interesan. Pequeño pimiento picante, ese Alfa que está detrás de ti se ve bastante pálido. Por muy guapo que sea, seguro que es un debilucho que no sirve en la cama. Si vienes conmigo, me encargaré de satisfacerte como es debido.

El hombre que encabezaba el grupo era enorme y tenía el cuerpo cubierto de músculos abultados.

—¿Qué te parece…?

—¡Bah! ¡Sigue soñando!

Chi Ning extendió ambos brazos para proteger a Chu Shaochen detrás de él.

El grandulón avanzó otros dos pasos.

Chi Ning abrió mucho los ojos y recorrió rápidamente los alrededores con la mirada.

Descubrió que no quedaba ni una sola persona a la vista. Hasta los perros y los gatos se habían escondido.

¡Estos tipos deben de ser tan detestables que ni los perros los soportan!

—¡Maldito Omega desagradecido! ¡Si no fuera porque tienes una cara bonita, te despedazaría aquí mismo!

El grandulón, furioso por haber sido desafiado por un Omega, tenía el rostro completamente enrojecido. La rabia hizo que las venas de su cuello se hincharan.

—¡Ustedes dos, vayan y tráiganmelo! ¡Y a ese Alfa inútil, arrójenlo al río para que se lo coman los peces!

Al escuchar aquello, Chi Ning agarró apresuradamente la mano de Chu Shaochen.

—¡Corramos! ¡Un hombre inteligente sabe cuándo retirarse! ¡Nunca es tarde para vengarse! ¡No intente hacerse el héroe!

Incluso un Alfa de primer nivel podía verse superado numéricamente mientras estaba herido.

¿Acaso no existía aquel dicho de que dos puños no podían enfrentarse a cuatro manos?

No quería arrastrar a Chu Shaochen a un problema.

Si conseguían escapar, también podrían alejar a aquellos hombres de la tienda.

Así, Tang Xi estaría a salvo.

Chi Ning dio un paso decidido para salir corriendo…

Y se quedó atascado.

Chu Shaochen lo sujetaba del brazo. Cuando intentó avanzar, sintió un tirón tan fuerte que casi se lastimó los tendones.

Chi Ning miró a Chu Shaochen con pánico y estaba a punto de decir algo cuando el hombre le tomó firmemente la mano y lo atrajo directamente hacia su pecho, rodeándolo con un brazo.

Al mismo tiempo, la voz grave de Chu Shaochen resonó junto a su oído.

—Compórtate. ¿Por qué quieres correr?

La voz provenía de encima de su cabeza.

Chi Ning sintió un cosquilleo en las orejas. Tenía la impresión de que, mientras Chu Shaochen hablaba, todo su aliento había caído directamente sobre ellas.

—General, ¿de verdad no vamos a huir?

—Tú mismo me llamas general. Huir ante el enemigo no es propio de un militar.

La voz de Chu Shaochen era perezosa y magnética, con un ligero matiz de diversión.

Su actitud despreocupada y la tranquilidad con la que manejaba la situación dejaban claro que no consideraba a aquellos Alfa una amenaza.

Chi Ning levantó el rostro para mirarlo y, por alguna razón, su corazón se tranquilizó.

Qué desastre. ¿Cómo puedo ser tan tonto?

Aunque un Alfa de primer nivel estuviera herido, sus feromonas seguían siendo capaces de aplastar por completo a sus oponentes.

El nivel de feromonas de aquellos Alfa probablemente no superaba el A1.

¿Cómo iban a resistir un ataque de Chu Shaochen?

Mientras Chi Ning preparaba mentalmente un discurso para darles una buena lección a aquellos delincuentes, sintió que alguien le sujetaba la muñeca.

Un instante después, una pulsera plateada quedó colocada alrededor de ella.

El contacto del metal frío contra su piel lo sorprendió.

Miró a Chu Shaochen con desconcierto.

—¿Esto es…?

—Una pulsera de protección para Omega. Es un dispositivo desarrollado recientemente y todavía no ha entrado en producción masiva. Una vez activado, ningún Alfa ni Beta podrá acercarse a ti.

Chu Shaochen mantuvo la mirada sobre Chi Ning.

Al descubrir la alegría que aparecía entre sus cejas, sus finos labios se curvaron ligeramente hacia arriba.

Por el rabillo del ojo, vio a los delincuentes que seguían acercándose y arqueó una ceja.

No conocen sus propios límites.

Había visto a muchas personas aterrorizadas ante la posibilidad de morir.

Pero era la primera vez que encontraba a alguien tan ansioso por buscar su propia muerte.

Chi Ning levantó la mano y agitó alegremente la muñeca.

Se sentía incluso más feliz que cuando, durante su infancia, recibía alguna muestra ocasional de cariño de Ye Ru.

Estaba a punto de continuar su enfrentamiento verbal con aquellos Alfa cuando descubrió que el rostro del grandulón se había vuelto repentinamente horrible.

Parecía haber visto un monstruo.

—T-tú…

—¿Quiénes demonios son ustedes?

—¡Duele! ¡Me duele muchísimo!

—¡Maldita sea! ¡Ataquen todos de una vez! ¡Si conseguimos arrancarle la glándula a ese Alfa, les daré diez mil créditos estelares a cada uno!

El grandulón se cubrió la nuca y retrocedió varios pasos.

Sus ojos reflejaban una mezcla de codicia y terror.

—¡No! ¡Cien mil créditos estelares para cada uno!

Al escuchar aquella cantidad, los otros Alfa, que ya tenían el rostro pálido y estaban empapados en sudor frío, apretaron los dientes e intentaron lanzarse hacia adelante.

Sin embargo, apenas dieron un paso, cayeron de rodillas con un golpe seco.

Se sujetaron la nuca, retorciéndose de dolor.

Todo había sucedido en un abrir y cerrar de ojos.

Chi Ning ni siquiera tuvo tiempo de pronunciar las burlas que tenía preparadas.

Se quedó con los labios entreabiertos y una expresión de absoluta sorpresa.

¿Qué acaba de pasar?

¿Por qué esos Alfa parecen estar sufriendo como si les hubieran arrancado las glándulas a la fuerza?

De repente, recordó algo y giró bruscamente la cabeza hacia Chu Shaochen.

Al descubrir que el hombre mantenía una expresión serena y despreocupada mientras lo observaba, sintió que su corazón se saltaba un latido.

Su mente quedó completamente en blanco.

El aroma del ciprés azul helado se volvió cada vez más intenso.

Entraba en su cuerpo con cada respiración y parecía filtrarse a través de sus poros hasta mezclarse con su sangre.

Todo su cuerpo estaba envuelto en las feromonas de Chu Shaochen.

Era una sensación agradable y cálida.

Chi Ning no sabía si los demás experimentarían lo mismo, pero de algo estaba seguro.

Lo que él sentía era completamente diferente de lo que estaban sufriendo aquellos delincuentes del Distrito Siete.

Para un Alfa, cuando Chu Shaochen liberaba sus feromonas con intención de atacar, la sensación era como si martillos de hielo le golpearan los huesos y miles de diminutos fragmentos helados envolvieran cada parte de su cuerpo.

Sin embargo, lo más aterrador era el efecto sobre las glándulas.

Desde que la humanidad había desarrollado los segundos géneros, las glándulas se habían convertido en órganos tan vulnerables como los órganos internos.

Además, al encontrarse apenas debajo de la piel de la nuca, resultaban especialmente fáciles de lesionar.

En aquel momento, las glándulas de los Alfa que tenían delante estaban siendo sometidas a un ataque abrumador de feromonas.

Innumerables agujas de hielo, finas y densas, penetraban sin piedad en sus glándulas.

Dolía.

Dolía tanto que el sufrimiento parecía extenderse por cada hueso y cada extremidad de sus cuerpos.

Mientras tanto, Chi Ning permanecía tranquilamente junto a Chu Shaochen, envuelto en sus feromonas.

No solo no sufría ningún efecto negativo, sino que la glándula de su nuca, que hasta entonces había permanecido completamente inactiva, parecía mostrar débiles señales de vida.

Los ojos grises de Chu Shaochen adquirieron una frialdad penetrante.

Con un solo brazo, rodeó la cintura de Chi Ning y lo mantuvo firmemente sujeto contra su pecho.

La ropa oscura que llevaba parecía fundirse con la noche que se extendía a sus espaldas.

Su cabello negro se mecía suavemente con el viento, mezclándose visualmente con las auroras que fluían por el cielo.

En sus ojos solo quedaba una expresión de juicio implacable.

Observó sin la menor emoción a los delincuentes que permanecían arrodillados en el suelo, incapaces de levantarse.

Finalmente, tuvo la misericordia de abrir la boca.

—Lárguense.

Las feromonas que llenaban el aire desaparecieron de repente.

Solo quedó un tenue rastro de su aroma flotando en el ambiente.

El grandulón miró con odio a Chu Shaochen y Chi Ning.

Se levantó trabajosamente del suelo y gritó:

—¡Más les vale recordarlo! ¡Yo, Lobo Negro, nunca dejo una ofensa sin vengar! ¡Les aseguro que me cobraré esta deuda!

Chi Ning se quedó inmóvil por un instante.

Observó distraídamente la dirección por la que Lobo Negro había escapado y una expresión de preocupación apareció en sus ojos.

Después levantó la mirada hacia Chu Shaochen.

Debido al descenso de temperatura durante la noche, sus labios estaban más pálidos de lo habitual.

—General, ¿he causado un problema? Le he traído una molestia enorme. Yo…

¿Cómo terminó pasando esto?

Originalmente, había llevado a Chu Shaochen allí porque quería que viera lo caótico que era el Distrito Siete.

Quizá, después de presenciar aquella situación, podría enviar a algunas personas para restablecer el orden y mejorar la seguridad.

¡No era eso lo que había querido provocar!

¡No pretendía conseguirle nuevos enemigos a Chu Shaochen!

Pero…

—Lo siento. No fue mi intención.

Chi Ning bajó la cabeza.

Sus ojos se humedecieron y la punta de su nariz comenzó a enrojecerse.

La culpa y el arrepentimiento lo invadieron con tanta fuerza que apenas podía pensar con claridad.

—Lobo Negro podría intentar vengarse de usted. Si le ocurriera algo, sería una responsabilidad que jamás podría soportar. Me convertiría en…

Me convertiría en una calamidad a los ojos de todos los habitantes del planeta capital.

Exactamente como lo veía la familia Chi.

Su existencia siempre había sido diferente.

Solo podía traer vergüenza a quienes lo rodeaban.

Chu Shaochen contempló a Chi Ning y frunció ligeramente el ceño.

En sus ojos aparecieron sucesivamente la incomprensión, la impotencia y el enojo.

Sin embargo, al final, solo quedó una profunda ternura mezclada con dolor.

¿Qué tengo que hacer para darle a Chi Ning suficiente seguridad?

¿Cómo puedo conseguir que confíe plenamente en mí?

La primera vez que Chu Shaochen conoció a Chi Ning, el muchacho todavía no había cumplido diez años.

Ni siquiera había alcanzado la edad de la diferenciación.

En aquel entonces, la familia Chi todavía no lo trataba con tanta severidad.

Chu Shaochen había estado huyendo de unas personas que lo perseguían.

Para escapar, se había escondido en una finca donde la familia Chi celebraba un banquete.

Mientras corría de un lado a otro buscando un escondite, terminó entrando accidentalmente en la habitación de Chi Ning.

Cuando era pequeño, Chi Ning era muy tranquilo y especialmente obediente.

Probablemente tenía sueño, así que se había quedado durmiendo solo en su habitación, con una única sirvienta vigilando afuera.

Cuando Chu Shaochen entró por la ventana, Chi Ning estaba sentado al borde de la cama, frotándose los ojos.

Al verlo, no gritó ni pidió ayuda.

Chu Shaochen nunca supo si había sido porque estaba demasiado asustado o porque todavía no había reaccionado.

Después de que le explicara apresuradamente su situación, Chi Ning levantó las sábanas para que pudiera esconderse debajo de la cama.

Luego volvió a acomodarlas rápidamente, ocultando cualquier rastro de su presencia.

Chu Shaochen permaneció escondido bajo la cama, agotado y hambriento.

Cuando despertó a medianoche, descubrió que alguien había dejado junto a su mano varios caramelos y un trozo de pastel.

Para entonces, Chi Ning ya se había marchado con su familia.

Desde aquel día, Chu Shaochen solo había conseguido enterarse de algunas noticias sobre él de manera esporádica.

—Chi Ning, levanta la cabeza y mírame.

—…

Chu Shaochen frunció el ceño, cada vez más frustrado.

Después de todo lo que había hecho durante aquellos días, ¿Chi Ning seguía sin confiar en él?

¿Acaso pensaba que era un Alfa que se enfadaba por cualquier tontería?

¿O creía que ni siquiera podía encargarse de un Alfa inútil como aquel y que permitiría que alguien le arrancara la glándula para venderla en el mercado negro?

Chu Shaochen estaba enojado, pero también le dolía verlo así.

Extendió la mano, dispuesto a levantarle suavemente el rostro, cuando de repente escuchó un grito entre sollozos.

Volvió la cabeza con evidente desagrado.

Un Omega de cabello rizado corría hacia ellos, seguido por otros dos Omega, uno grande y otro pequeño.

—¡Ningning!

Como si fuera un pequeño proyectil, el recién llegado se estrelló directamente contra Chi Ning.

Si Chu Shaochen no lo hubiera estado sujetando y no hubiera amortiguado la mayor parte del impacto con su mano, Chi Ning habría salido despedido.

Tang Xi tenía los ojos completamente enrojecidos de tanto llorar.

Abrazó con fuerza a Chi Ning.

—¡Buaaa! ¡Pensé que esos matones iban a llevarte! ¡Casi me muero del susto!

Después de decir aquello, miró al hombre que estaba junto a su amigo.

Vaciló unos segundos antes de acercarse a Chi Ning y preguntarle en voz baja:

—¿Le estás siendo infiel a tu esposo?

Chu Shaochen: «…».

No estoy sordo. Tengo un oído excelente.

Chi Ning: «…».

—¡No! ¡Claro que no! ¡No digas tonterías!

Si salgo ahora mismo a buscar un lugar donde enterrarme, ¿todavía estaré a tiempo?

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