Después de un matrimonio concertado con un Alfa de élite, el Omega dramático se volvió más dulce - Capítulo 23
Era muy dulce.
Para Chu Shaochen, que no era especialmente aficionado a los sabores dulces, aquella fragancia resultaba más atractiva que cualquier otra.
Sus ojos grises se oscurecieron hasta adquirir un tono casi tan profundo como la noche.
Chi Ning se encontró con su mirada y retrocedió instintivamente, hasta que su cuerpo quedó prácticamente pegado a la puerta de la cabina.
En sus ojos no había miedo, sino vacilación.
Nunca había percibido el aroma de sus propias feromonas, así que no estaba seguro de si resultarían desagradables para los demás.
¿Y si Chu Shaochen las encontraba repugnantes?
Al contemplar su rostro inexpresivo, Chi Ning se convenció todavía más de sus sospechas.
Lo sabía. Eso de que tenemos una compatibilidad del ochenta por ciento debe de ser mentira.
Las feromonas de un Omega de bajo nivel seguramente resultaban insoportablemente apestosas para los demás.
A los ojos de Chu Shaochen, en aquel momento debía oler peor que un trozo de tofu fermentado que llevara años pudriéndose.
O quizá como alguna antigua comida espantosa, como el surströmming, aquel arenque fermentado enlatado.
Una lata de arenque fermentado.
Y encima abierta.
Chi Ning se desinfló por completo, como una berenjena marchita por la escarcha.
—General, si mis feromonas huelen un poco mal, ¿podría pedirle al doctor Bai que me traiga un frasco de neutralizador de feromonas? Así ya no se notaría el olor.
Chi Ning continuó en voz baja:
—O podría cambiarme el parche aislante tres veces al día. De lo contrario, la gente podría pensar que nuestra relación no va bien y empezarían a circular rumores de una crisis matrimonial.
¿Feromonas apestosas?
¿Rumores de una crisis matrimonial?
Chu Shaochen no esperaba que, por haberse quedado desconcertado unos segundos, Chi Ning ya hubiera imaginado por su cuenta todo un proceso de ruptura matrimonial.
Arqueó una ceja y lo observó con tranquilidad.
—¿Eso es todo?
Los ojos de Chi Ning se abrieron desmesuradamente.
No podía creer lo que acababa de escuchar.
¿Chu Shaochen realmente piensa arrojarme de la aeronave?
¿Ni siquiera va a darme una oportunidad?
¡Eso era demasiado autoritario!
Él no había liberado deliberadamente sus feromonas para contaminar el aire.
Aunque unas feromonas con olor a arenque fermentado fueran un poco extrañas…
¡En aquel momento ni siquiera podía controlarlas por voluntad propia!
Chu Shaochen arqueó una ceja.
—¿De verdad crees que tus feromonas huelen mal?
Entre él y Chi Ning, uno de los dos debía tener algún problema con el olfato.
Chi Ning hizo un pequeño puchero y volvió la mirada hacia el exterior.
Justo debajo de ellos se encontraba el edificio del Gobierno Federal.
Qué edificio tan feo.
Cuando tenga suficiente poder, algún día lo haré volar en secreto.
—Sé que las feromonas de los Omega de bajo nivel huelen muy mal. No espero que al general le parezcan agradables. Pero, como soy su Omega, espero que al menos me permita conservar un poco de dignidad. Cuando salgan noticias sobre nuestra crisis matrimonial, ojalá los medios tengan algo de consideración conmigo.
Sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas.
Chi Ning sorbió por la nariz y, con un simple parpadeo, las lágrimas quedaron suspendidas de sus pestañas, a punto de caer.
Cualquiera que presenciara aquella escena seguramente acusaría al Alfa de despreciar a su propio Omega.
¡Era un auténtico miserable!
—No habrá ninguna crisis matrimonial. Tus feromonas no huelen mal y ningún medio de comunicación se atreverá a molestarte.
Chu Shaochen se frotó el entrecejo con impotencia.
—¿Por qué tienes esas ideas?
Chi Ning se quedó desconcertado.
Examinó cuidadosamente la expresión de Chu Shaochen y comenzó a sospechar que quizá había malinterpretado algo.
Apartó el rostro y sus ojos se movieron de un lado a otro, culpables.
—Pero la expresión que tenía hace un momento parecía la de alguien que se enfrenta a un gran peligro y quiere huir lo más lejos posible.
—No es así.
Chu Shaochen echó un vistazo al edificio del Gobierno Federal que se encontraba debajo.
—Si haces volar un edificio, te arrestarán conforme a la ley.
Chi Ning se sobresaltó y se apresuró a negarlo.
—¡Solo estaba mirando! ¡No pensaba hacerlo explotar! ¡Solo lo imaginé!
Chu Shaochen respondió:
—Si hay que hacerlo explotar, tendrán que ser ellos mismos quienes lo hagan.
Chi Ning: «…».
Parece que Chu Shaochen tampoco respeta tanto las normas sociales como yo creía.
—Voy a comunicarme con…
Chu Shaochen estaba a punto de decirle que llamaría a Bai Chen para que le hiciera una revisión cuando, de repente, una voz salió del comunicador.
—General, quería recordarle algo. No sabía que usted estaba utilizando la aeronave, así que…
Era Qiao Si.
—Hace unos minutos activé la conexión forzada del comunicador.
Chi Ning: «…».
¿Todavía estoy a tiempo de saltar de aquí?
¿O podría decir que no me llamo Chi Ning?
Me pregunto si me creería.
Chu Shaochen: «…».
Respiró profundamente y presionó el botón verde.
—Ya puedes desconectarte.
—Y si hay algún error en el asunto de Chi Mingye, te reduciré la bonificación a la mitad.
Qiao Si no se atrevió a responder y cortó la comunicación inmediatamente.
¡Está aprovechando su autoridad para vengarse!
Mejor no provocarlo.
Chi Ning fingió estar contemplando el paisaje.
Incluso se tapó las orejas con ambas manos.
Bah, solo fueron unos minutos. ¿Qué hay que temer?
Si lo escuchó, pues lo escuchó.
Solo estábamos hablando de una posible crisis matrimonial. ¿Qué tiene eso de malo?
Media hora después, ambos regresaron apresuradamente a casa tras pasar por la base.
No se encontraron con nadie. Incluso Qiao Si, que los esperaba en la oficina, se quedó sin verlos.
Chi Ning descubrió un vehículo estacionado en el jardín y reconoció inmediatamente que pertenecía a Bai Chen.
No esperaba que el doctor Bai llegara tan rápido.
¡Qué dedicado es a su trabajo!
—General, ¿de verdad percibió mis feromonas hace un momento?
Chi Ning finalmente recordó que quería preguntárselo.
—Creo que mi sentido del olfato se ha deteriorado.
De lo contrario, ¿cómo era posible que él mismo no pudiera percibirlas?
¡Y eso que habían provocado una reacción tan intensa en Chu Shaochen!
Chu Shaochen le tomó la mano y lo condujo hacia la sala de estar.
Si todo había salido según lo previsto, Bai Chen debería haber llevado consigo el equipo necesario para realizarle una revisión.
Al escuchar la pregunta de Chi Ning, respondió afirmativamente.
Después recordó lo que había dicho en la aeronave y añadió:
—No te preocupes. No huelen mal.
No podía determinar con exactitud a qué correspondía aquella fragancia, pero estaba seguro de que no era desagradable.
Para la mayoría de los Alfa, las feromonas de los Omega resultaban sumamente atractivas. Solo una pequeña proporción les parecía verdaderamente repugnante.
Entre los Alfa, en cambio, existía un rechazo instintivo hacia las feromonas del mismo género secundario.
La mayoría consideraba que los otros Alfa desprendían un olor desagradable, por lo que debían contener sus feromonas o utilizar neutralizadores y parches aislantes.
Entre los Omega, las feromonas se diferenciaban principalmente por su nivel, sin provocar rechazo mutuo.
Los Omega de primer nivel constituían una excepción, pues sus feromonas podían inspirar obediencia incondicional en otros Omega.
—Entonces está bien.
Chi Ning se tranquilizó y siguió alegremente a Chu Shaochen al interior de la casa.
Cuando Bai Chen volvió a encontrarse con ambos después de varios días, su mirada descendió hacia las manos que llevaban entrelazadas.
Detrás de sus lentes apareció una expresión de sorpresa.
Chi Ning, por su parte, lo saludó con entusiasmo, sin mostrar la menor reserva.
—Buenas noches, doctor Bai. Gracias por tomarse tantas molestias.
Por alguna razón, Bai Chen siempre temía que Chi Ning soltara de repente alguna frase escandalosa.
Se apresuró a agitar las manos y negar con la cabeza.
—Es mi deber. No tiene que agradecerme, joven señor Chi.
Chi Ning estaba a punto de continuar hablando cuando alguien lo sujetó del cuello de la ropa por detrás.
Una vez más, quedó atrapado por aquel punto débil de su nuca.
—General, no debería…
Chi Ning comenzó a protestar mientras giraba la cabeza.
Sin embargo, a mitad de la frase comprendió lo que estaba ocurriendo.
La indignación desapareció inmediatamente de su rostro y fue reemplazada por una expresión avergonzada.
—No debería levantarme así delante de otras personas. ¡Qué vergüenza si alguien nos ve! Es mejor que juguemos de esa manera cuando estemos solos.
¿Jugar de esa manera?
¿Cuando estén solos?
Bai Chen sintió que realmente no quería escuchar aquellas conversaciones sobre las intimidades de una pareja casada.
Él solo era un médico.
Un médico soltero e inocente.
¡Y encima su jefe lo había llamado a aquellas horas de la noche para hacer una visita a domicilio!
Aquello era sencillamente…
¡Una falta de consideración!
Chu Shaochen le dio una suave palmada en la parte posterior de la cabeza a Chi Ning.
Después miró con seriedad a Bai Chen, que tampoco parecía encontrarse en su estado habitual.
—Hace media hora liberó feromonas. Quiero que vuelvas a examinarle la glándula.
Bai Chen, que estaba sumido en la tristeza propia de un trabajador explotado, recuperó inmediatamente el interés.
Se acomodó los lentes y miró a Chi Ning.
Sus ojos brillaron como si acabara de descubrir un espécimen experimental extraordinariamente raro.
Chi Ning sintió de repente un escalofrío en la nuca.
Tuvo un mal presentimiento.
Extendió la mano, agarró la ropa de Chu Shaochen y levantó el rostro para mirarlo con expresión lastimera.
—General, ¿puedo…?
Pero antes de terminar la frase, se encontró con la mirada de Chu Shaochen.
Chi Ning apretó los labios.
Después de dedicar unos segundos a sopesar las ventajas y desventajas, se rindió sin vacilar.
—Está bien. Obedeceré al doctor Bai.
Bai Chen todavía no había tenido tiempo de alegrarse cuando escuchó que Chi Ning añadía:
—El doctor Bai es una buena persona. La última vez incluso dijo que mi glándula era bonita.
En menos de un segundo, Bai Chen sintió cómo la presión del ambiente descendía bruscamente.
Chi Ning soltó la ropa de Chu Shaochen y se acercó al médico.
—Vamos, vamos, doctor Bai. ¡Apresurémonos con la revisión! Siento como si mi glándula hubiera cobrado vida.
Bai Chen: «…».
Olvídalo.
No he visto ni escuchado absolutamente nada.
—No se dice que haya cobrado vida, sino que ha despertado. Antes simplemente había dejado de crecer. Es posible que, gracias a la estimulación de las feromonas del general, esté recuperándose gradualmente.
—¿Despertar de la glándula? Suena muy novedoso. Nunca lo había leído en ningún libro.
Chi Ning recordó todas las publicaciones que había consultado, pero no conocía aquel término.
—Entonces, ¿por qué mi glándula dejó de crecer? ¿Fue porque no recibí suficientes nutrientes?
Bai Chen se quedó sin palabras.
Por poco no supo cómo responder.
Según los resultados de la revisión anterior, la glándula de Chi Ning no presentaba señales de lesiones externas ni rastros de inyecciones de sustancias inhibidoras.
Aquellos eran los dos métodos más comunes para impedir el desarrollo glandular.
Si ninguno de ellos había sido utilizado, todavía quedaban innumerables métodos alternativos que podían haber provocado el problema.
Para determinar si aquello había afectado la salud de Chi Ning, necesitaban identificar la causa.
Sin embargo, por el momento parecía poco probable conseguirlo.
A menos que la propia familia Chi revelara lo sucedido.
Chu Shaochen observó cómo ambos subían al segundo piso.
No los siguió.
En su lugar, se dirigió al despacho.
Durante las últimas dos semanas se habían acumulado numerosos asuntos pendientes, especialmente los relacionados con la investigación interna de la Federación y la desaparición del Jiyun Uno.
No se habían encontrado restos ni fragmentos de la nave Jiyun Uno.
Eso significaba que todavía existía la posibilidad de que las personas que viajaban a bordo hubieran sobrevivido.
Sin embargo, seguía sin estar claro quién había provocado el incidente durante aquella misión.
Chu Shaochen estableció una conexión con el terminal de Qiao Si.
Mientras examinaba la información recopilada que aparecía en la pantalla, sus cejas se fueron frunciendo.
—¿Zhou Ran visitó al mariscal durante estos días?
—Sí. El secretario general Zhou se reunió con el mariscal Ruls durante aproximadamente dos horas.
Jaden Ruls, de cincuenta y cinco años, era mariscal del ejército de la Federación.
En el pasado había sido director de la Academia Militar de la Federación y también había impartido clases a Chu Shaochen.
No solo era su superior, sino también su maestro.
Una semana antes de que Chu Shaochen emprendiera aquella misión, Ruls había enfermado y permanecía recuperándose en su residencia.
No había aparecido públicamente antes de la partida y únicamente se había reunido a solas con Chu Shaochen.
Sin embargo, durante aquel encuentro no había dicho nada extraño.
Sus recomendaciones habían sido exactamente las mismas que solía darle antes de cada misión.
¿Por qué Zhou Ran había ido a visitarlo?
Además, habían pasado dos horas juntos.
Era tiempo suficiente para hablar de innumerables asuntos.
Chu Shaochen guardó silencio durante un momento antes de ordenar:
—No llames la atención de mi maestro. Vigila de cerca a Zhou Ran y también…
Hizo una pausa.
—A esos viejos zorros del Comité.
—Entendido, general.
Qiao Si preguntó:
—¿El general tiene pensado visitar al mariscal?
—No es necesario. Mi maestro vendrá dentro de algún tiempo.
Después de responder, Chu Shaochen comenzó a golpear distraídamente el reposabrazos de su silla con los dedos.
—¿Cómo va el asunto de Chi Mingye?
—Ya establecimos contacto con él por lo de los cristales azules, pero es muy cauteloso. Quiere que usted intervenga personalmente y no confía del todo en mí.
Qiao Si continuó:
—Con semejante nivel de precaución, sospecho que su investigación podría involucrar algunas operaciones ilegales.
—¿Siempre ha sido Chi Mingye quien se comunica contigo? ¿Qué hay de Chi Feng y Chi Mingfang?
—He visto a Chi Feng, pero parece que Chi Mingfang no ha aparecido.
Interesante.
Al parecer, los dos hermanos mayores de la familia Chi tampoco estaban completamente unidos.
Después de todo, Chi Feng y los demás controlaban los bienes de la familia Chi.
Se trataba de propiedades y dinero reales, y todos querían quedarse con una parte mayor.
—Investiga el caso de Luo Yuan y su posible relación con Chi Mingfang.
—¿Se trata de…?
—Investígalo.
Al escuchar aquella orden, Qiao Si dejó de hacer preguntas.
—Sí. Comenzaré la investigación inmediatamente.
Los ojos de Chu Shaochen se ensombrecieron.
—Primero consigue las pruebas. Espera mis instrucciones antes de hacer cualquier otro movimiento.
Todavía no podían alertar a sus objetivos.
Al menos debían reunir pruebas suficientes.
La red tendría que cerrarse poco a poco.
Después de terminar la comunicación, Chu Shaochen echó un vistazo a los libros que había sobre el escritorio y a varios documentos de despliegue militar de operaciones anteriores.
Dejó escapar una risa fría, se levantó y se dirigió a la sala de exploración del segundo piso.
—Joven señor Chi, puede acostarse boca abajo. Así estará más cómodo. La exploración podría tardar un poco.
Bai Chen ajustaba los equipos mientras observaba las imágenes que aparecían en la pantalla y hablaba pacientemente con Chi Ning.
Al escucharlo, Chi Ning cambió inmediatamente de posición.
Pasó de estar acostado boca arriba a ponerse boca abajo.
Entonces descubrió que la camilla tenía una abertura donde podía colocar cómodamente el rostro.
Vaya.
Se parece a aquellas camillas de masaje del centro de bienestar al que Ye Ru me llevaba antes.
—Doctor Bai, ¿mi glándula sigue creciendo muy lentamente?
—Ha mejorado bastante más de lo que esperaba, pero todavía se desarrolla con mayor lentitud que una glándula normal.
Bai Chen observó la nuca de Chi Ning.
La piel de la zona glandular estaba más enrojecida que la de alrededor.
Acercó suavemente la yema de un dedo enguantado y, tal como esperaba, percibió un ligero aumento de temperatura.
Chi Ning se sintió incómodo en cuanto le tocaron la glándula.
Instintivamente, intentó levantar la mano para apartar al médico.
Pero apenas la movió, otra mano lo sujetó.
—No te muevas. Está examinándote.
Chu Shaochen echó un vistazo a la mano de Bai Chen.
Su expresión permanecía rígida y, aunque estaba claramente disgustado, se esforzaba por controlar sus emociones.
Al reconocer la voz de Chu Shaochen, Chi Ning respondió con un obediente «oh» y permitió que le sujetara la mano sin volver a moverse.
Bai Chen advirtió la actitud posesiva de Chu Shaochen y arqueó una ceja.
Le pareció bastante interesante.
Después de todo, rara vez tenía la oportunidad de verlo comportarse de aquella manera.
Tanto en la Academia Militar de la Federación como en la Flota, todo el mundo sabía que Chu Shaochen no mostraba interés por los Omega.
Por eso, Bai Chen seguía sintiendo curiosidad.
¿Por qué un Omega al que apenas había visto unas cuantas veces había conseguido despertar tanto interés en él?
Retiró la mano y continuó observando los cambios de las feromonas en la pantalla.
En una glándula completamente desarrollada, las feromonas podían representarse mediante una amplia zona de colores.
Sin embargo, en la pantalla que tenía delante apenas aparecían unos cuantos puntos luminosos dispersos.
Eran demasiado pocos.
Incluso un adolescente que acabara de experimentar la diferenciación tendría feromonas más intensas que las de Chi Ning.
—¿Cómo está?
Por la expresión de Bai Chen, Chu Shaochen comprendió que el estado de la glándula de Chi Ning seguía sin ser alentador.
Bai Chen se quitó los guantes, los enrolló y los arrojó a la basura.
—La glándula está intacta, pero su desarrollo continúa siendo muy lento. Sin embargo, debo felicitarlos. Las feromonas que liberó hoy no fueron una ilusión. Realmente existen.
Chu Shaochen ayudó a Chi Ning a incorporarse.
En cuanto levantó la cabeza, Chi Ning sintió que incluso había recuperado la audición.
Mientras tenía el rostro metido en aquella abertura, todo lo que escuchaba parecía llegarle amortiguado.
Cuando no puedes ver algo, tampoco puedes escucharlo bien.
Parece que tiene mucho sentido.
—Sin embargo, supongo que la liberación de feromonas duró muy poco tiempo, ¿verdad?
Chi Ning asintió.
Su expresión era tan obediente como llena de admiración.
Bai Chen no estaba acostumbrado a verlo tan dócil.
Tosió ligeramente y comenzó a recoger los instrumentos.
—Tu glándula presenta una situación especial. Nadie puede predecir cómo evolucionará en el futuro. Pero hay algo de lo que pueden estar tranquilos: la glándula no presenta ningún problema estructural. Eso significa que pueden realizar cualquier tipo de marcaje.
¿Cualquier tipo de marcaje?
Eso quiere decir…
De repente, Chi Ning se arrepintió de saber tantas cosas.
Él solo era un Omega de dieciocho años cuya familia había restringido sus salidas y le había prohibido relacionarse demasiado con otras personas.
¿Cómo podía conocer tantos detalles sobre aquellos asuntos?
Bajó la cabeza, avergonzado, sin querer enfrentarse a la realidad.
Bai Chen no comprendió lo que estaba pensando y supuso que simplemente se había puesto tímido.
Podía entenderlo.
Después de todo, muchos Omega recibían una educación inadecuada que los llevaba a sentir vergüenza al hablar del marcaje entre Alfa y Omega.
Durante sus años de ejercicio profesional, incluso había conocido Omega adultos que no sabían qué era un período de celo.
También había atendido casos de menores engañados por Alfa que los habían convencido de someterse a un marcaje.
Por desgracia, la falta de consideración que la Federación y el planeta capital mostraban hacia los Omega había alcanzado un nivel abiertamente discriminatorio.
Para la mayoría, los Omega no eran más que herramientas reproductivas.
Bai Chen terminó de guardar sus cosas.
Estaba a punto de marcharse cuando recordó algo y preguntó:
—Joven señor Chi, ¿recuerda si durante su período de diferenciación alguien le hizo algo o si consumió alguna sustancia en particular? Tendría que haber sido algo prolongado, durante al menos medio año.
Al ver la expresión seria de Bai Chen, Chi Ning comprendió que la pregunta debía estar relacionada con la interrupción del desarrollo de su glándula.
Comenzó a recordar cuidadosamente.
Desde que tenía memoria, Ye Ru y Chi Feng apenas se habían ocupado de él.
Cuando era pequeño, Chi Mingfang todavía lo trataba como un compañero de juegos.
Sin embargo, al crecer y enterarse de que Chi Ning se había diferenciado como Omega, dejó de querer relacionarse con él.
Por el contrario, su hermano mayor, Chi Mingye, siempre se había comportado como tal y lo había tratado relativamente bien.
Aunque Chi Mingye pasaba poco tiempo en casa, así que tampoco tenían demasiado contacto.
En cuanto a Chi Yun, nunca había sentido mucho afecto por él.
Mi glándula…
Cuando ocurrió la diferenciación, estaba a punto de cumplir doce años.
Había tenido fiebre durante una semana entera.
Todos los días permanecía encerrado en su habitación y comía alimentos suaves.
Además, durante aquel período había comido prácticamente lo mismo todos los días…
Espera.
Ahora que lo pienso, todas las comidas de aquella época eran muy parecidas.
—Durante la semana de mi diferenciación, tuve fiebre constantemente, así que me quedé en mi habitación y no fui a clases.
Chi Ning habló con cierta dificultad, intentando recordar.
—Un médico vino a verme y también examinó mi glándula. Extrajo una muestra de mis primeras feromonas y dijo que se la llevaría para analizarla.
—En cuanto a la comida, creo que siempre era parecida. Principalmente gachas de arroz y alimentos suaves.
Bai Chen frunció el ceño.
—¿Y antes de tu diferenciación? ¿Te examinaban la glándula?
—Sí. Cuando estaba acercándome a la edad de la diferenciación, venía un médico a revisarme casi todos los meses. Al principio tenía bastante paciencia, pero después comenzó a mostrarse impaciente y me trataba con brusquedad. A veces me dolía la glándula.
Chi Ning lo contó con un tono despreocupado.
—Además, cada vez que me examinaba, me sentía mareado y me daban muchas ganas de dormir.
Así que eso era.
La familia Chi realmente había intervenido en la glándula de Chi Ning.
Y, además, había mostrado un interés especial por sus feromonas.
Fuera cual fuera su objetivo en aquel momento, era evidente que el resultado tampoco había sido el que esperaban.
—Le recomiendo que intente recordar más detalles de su pasado, joven señor Chi. Es posible que el retraso en el desarrollo de su glándula haya sido provocado deliberadamente.
Bai Chen recogió sus pertenencias.
—Si consiguen pruebas, pueden presentar una demanda contra la familia Chi.
Aunque los Omega no gozaban de la misma posición social que los Alfa, cualquier intervención deliberada en el desarrollo de una glándula se consideraba un delito grave.
Tanto la manipulación del desarrollo glandular como el tráfico de glándulas podían castigarse con penas de prisión de al menos veinte años.
Chi Ning se quedó inmóvil.
Observó cómo Bai Chen caminaba hacia la puerta y, aun después de que el médico se marchara, siguió sin reaccionar.
Entonces…
¿Su glándula realmente había sido manipulada por la familia Chi?
Y, además…
¿Lo habían hecho antes de su diferenciación?
Chi Ning permaneció sentado, completamente desconcertado.
Ni siquiera reaccionó cuando Chu Shaochen lo llamó.
—¿Por qué?
Finalmente volvió en sí y levantó la mirada hacia Chu Shaochen.
—¿Acaso mi glándula esconde algún tesoro para que se hayan tomado tantas molestias?
Chi Ning suspiró y bajó de la camilla con un pequeño salto.
—Cualquiera pensaría que soy un monstruo al que quieren utilizar para hacer experimentos.
—Así es como sucede en las películas.
Chu Shaochen lo observó en silencio, sin intervenir.
Chi Ning levantó la mano y se tocó suavemente la glándula.
La zona ya había recuperado su estado habitual.
No podía percibir aquella vitalidad que había sentido anteriormente.
Soltó un suspiro de alivio y miró a Chu Shaochen con los ojos brillantes.
—General, no se preocupe. Incluso si soy un monstruo, seguro que seré uno racional. ¡Jamás le haría daño!
Y lo primero que haré será correr a la casa de la familia Chi y devorarlos a todos.
Hasta triturarles los huesos.
¡Crac, crac!
Los haré pedazos y después los arrojaré a un lago de cocodrilos para que se los coman.
—Entonces, ¿me acompañas a comer algo?
Chu Shaochen extendió la mano hacia él.
—La familia Chi no merece que te enojes por ella. Comer es mucho más importante.
Chi Ning tomó su mano.
—¡Por supuesto! Es un honor para mí acompañar al general a disfrutar de la cena.
Wosi, que los esperaba junto a las escaleras, contempló con satisfacción cómo ambos salían tomados de la mano.
Después de inclinarse respetuosamente ante ellos, anunció:
—General, joven señor Chi, la cena está lista.
Chi Ning sonrió con los labios cerrados.
Levantó ligeramente la barbilla y bajó los ojos con una expresión elegante y distinguida.
—Gracias, señor Wosi.
Chu Shaochen le dirigió una mirada.
Simplemente apretó un poco su mano y lo condujo hacia el comedor.
Los gustos culinarios de Chi Ning eran bastante sencillos.
Salvo las vísceras, prácticamente podía comer de todo.
Todos los platos de la mesa habían sido preparados según sus preferencias.
Había tantos que parecía que los sirvientes temían que considerara insuficiente la cantidad de comida.
Después de cenar, por primera vez Chi Ning no se quedó hasta tarde en la habitación de Chu Shaochen.
En cuanto terminó de ayudarlo a cambiarse los vendajes y aplicar el medicamento, se despidió con un «buenas noches» y regresó rápidamente a su habitación, arrastrando las pantuflas.
Apenas cerró la puerta, envió un mensaje a Tang Xi.
—¡Xiao Xi!
—¿Qué pasa? ¿Qué pasa? ¿Discutiste con el general?
Chi Ning: «…».
¿Por qué no puede desearme algo bueno?
Primero lo acusaba de ser infiel y ahora pensaba que habían discutido.
¡Cualquiera diría que su matrimonio era una completa farsa!
—Ese no es el punto. Lo importante es que hoy todos los libros de tu tienda eran manuales especializados de distintas materias. ¿Acaso Lobo Negro también se llevó todas tus novelas?
—Hace algún tiempo vinieron a inspeccionar la tienda. No sé qué desafortunado fue descubierto por sus padres comprando libros aquí, pero después de eso enviaron a alguien a investigar. Así que cambié todos los libros a propósito y trasladé los otros al mercado subterráneo.
Chi Ning estaba acostado boca abajo, pero la presión sobre su estómago comenzó a resultarle incómoda.
Se dio la vuelta y quedó mirando hacia el techo.
—¡Así que era eso! ¡Qué susto me llevé!
Tang Xi se encontraba en su pequeña habitación.
Luo Yuan y Tangtang estaban alojados en la habitación contigua, así que bajó la voz.
—Gracias por lo de hoy. Si no hubieras traído al general, probablemente Lobo Negro nos habría llevado a todos.
Chi Ning contempló el techo.
Al recordar lo que había descubierto aquella noche, volvió a sentir una opresión en el pecho.
Apretó los labios y comenzó a juguetear con la manta.
—Xiao Xi, ¿tienes alguna novela en la que un Omega que ha sufrido abusos termina eliminando a toda la familia de un Alfa?
—¿Qué? ¿Qué estás diciendo? ¡No se te ocurra hacer ninguna locura! ¿Las cosas ya llegaron a ese extremo? Aunque hayas discutido con el general, tienes que contenerte y hacerte más fuerte. ¡Si intentas asesinarlo ahora, sería como lanzar un huevo contra una roca!
Chi Ning sintió de repente unas ganas enormes de colgar.
¿Por qué iba a intentar asesinar a Chu Shaochen?
¿Acaso estoy cansado de vivir?
Chu Shaochen podría aplastarlo con un solo dedo meñique.
Ah, no.
Si Chu Shaochen lo atacara con sus feromonas, seguramente no resistiría ni diez segundos.
Y además, existía otra posibilidad…
Las feromonas de un Alfa de primer nivel podían inducir el período de celo de un Omega.
«Pueden realizar cualquier tipo de marcaje».
Las palabras de Bai Chen aparecieron repentinamente en su mente.
Chi Ning se quedó inmóvil durante unos segundos.
Después se dio la vuelta y escondió la cabeza debajo de la almohada.
—¡No intentes sembrar discordia entre nosotros! El general y yo somos…
Para proteger el secreto de Chu Shaochen, Chi Ning reflexionó un momento.
Luego cerró los ojos y comenzó a inventar disparates.
—¡Ya soy mayor de edad! El general puede marcarme. Además, no tienes idea de lo amable que es conmigo. Incluso me besa la glándula, me toma de la mano y me lleva a su lugar de trabajo. Hemos hablado de nuestros sentimientos mientras volábamos en una aeronave y, además…
—¡El general es increíblemente fuerte! Puede levantarme con toda facilidad. Ni siquiera permite que el médico de la casa me mire demasiado. ¡Y ya hemos dormido juntos! ¡¿Cómo podríamos estar peleados?!
Al otro lado de la comunicación, Tang Xi tuvo la extraña sensación de haber sintonizado accidentalmente un programa de radio para adultos de medianoche.
Mientras tanto, Wosi, que había recibido la orden de llevarle un vaso de leche a Chi Ning, lamentó tener tan buen oído.
Estos jóvenes…
Una vez que empiezan, ya no hay quien los detenga.
Como Beta, no podía comprender las intimidades del marcaje entre Alfa y Omega.
Wosi se alejó con el vaso de leche y decidió no interrumpir a Chi Ning.
—¡No, no! Todavía no me has respondido. ¿Tienes algún libro de ese tipo? Quiero leerlo.
Las mejillas de Chi Ning ardían.
Estaba tan avergonzado que no podía dejar de mover las piernas.
¡Qué vergüenza!
Pero todo lo que había dicho se lo había inventado basándose en las novelas que había leído.
Después de todo, las mentiras eran más convincentes cuando se mezclaban con algunas verdades.
Los lugares que había mencionado y ciertas cosas que habían hecho eran reales.
Solo había exagerado un poquito.
Un poquito insignificante.
—Sí, tengo uno. ¿Cuándo vendrás a recogerlo?
—Mmm, dentro de unos días. Si voy ahora, podría causarte problemas. Aunque el general ahuyentó a Lobo Negro, seguramente nos guarda rencor.
Chi Ning llevaba tanto tiempo con la cabeza debajo de la almohada que tenía el rostro completamente enrojecido.
Hasta las orejas se le habían puesto rojas.
Cuando finalmente salió, tenía el cabello hecho un desastre.
Chu Shaochen también le había advertido que no saliera solo durante los próximos días.
Si necesitaba salir, debía avisarle.
—Entonces ten cuidado —respondió Tang Xi.
Después de pensarlo un momento, añadió:
—Oye, estás hablando conmigo tan tarde… ¿Al general no le molesta?
Los ojos de Chi Ning se abrieron de golpe.
Se sintió culpable y estuvo a punto de responder que no le importaba.
Sin embargo, tosió ligeramente y bajó la voz.
—Todavía está en el despacho ocupándose de asuntos oficiales. Ya sabes que tiene mucho trabajo. Si no fuera porque… porque se casó conmigo, no se le habrían retrasado tantas cosas.
—Entonces deberías descansar temprano. O quizá podrías ir a acompañarlo un rato. Tienen que cultivar su relación matrimonial. El general parece bastante intimidante, pero te trata muy bien. Deberías valorarlo.
Tang Xi habló con la solemnidad de alguien que ofrecía un consejo importante.
Chi Ning respondió de manera poco clara.
Por supuesto que valoraría muchísimo a Chu Shaochen.
Pero eso no significaba que fuera a entregarse a él como muestra de agradecimiento.
Después de todo, Chu Shaochen ni siquiera estaba enamorado de él.
—Ningning, entonces me voy a dormir. Buenas noches.
—Está bien. Buenas noches.
Apenas terminó la llamada, Chi Ning miró la hora.
Eran casi las once.
Estaba a punto de acostarse cuando apareció una solicitud de llamada de voz de Chi Mingye.
Chi Ning se incorporó de golpe.
Vaciló un momento antes de aceptar.
—¿Hermano mayor?
Su voz temblaba ligeramente y transmitía miedo.
—Es muy tarde. ¿Necesitas algo?
Chi Mingye parecía encontrarse todavía fuera de casa.
Había bastante ruido a su alrededor.
Por los sonidos, parecía estar cerca de una obra en construcción.
Chi Ning registró cuidadosamente aquellos detalles.
Mientras esperaba que Chi Mingye hablara, comenzó a escribir en su cuaderno.
Era un cuaderno completamente negro, cuyas páginas ya estaban cubiertas de anotaciones en más de la mitad.
—Ningning, ¿el general está contigo?
Tsk, tsk.
¿Ya empezó a investigar y sospechar?
Chi Ning guardó silencio durante unos segundos antes de responder suavemente:
—El general está en el baño. Yo… estoy leyendo. Estoy esperando a que salga para dormir juntos.
Su voz era muy baja, pero lo bastante clara para que Chi Mingye pudiera escucharla.
Chi Mingye pareció satisfecho con aquella respuesta y dejó escapar una risa.
—Eso está bien. Parece que el general realmente te quiere mucho. Entonces tienes que seguir esforzándote.
—No te preocupes, hermano mayor. Me esforzaré.
La voz de Chi Ning era suave y dulce.
Además, había bajado deliberadamente el volumen, lo que lo hacía parecer especialmente dócil y fácil de manipular.
En la habitación solo se escuchaba su voz tenue.
La noche era profunda y, al otro lado de la ventana, reinaba un silencio absoluto.
Chi Ning escribió unas cuantas palabras más mientras esperaba que Chi Mingye revelara el verdadero motivo de su llamada.
—Buen chico.
Después de elogiarlo, Chi Mingye hizo una breve pausa y preguntó:
—¿Tu segundo hermano se ha comunicado contigo últimamente? Hace tiempo que casi no vuelve a casa y nuestros padres están bastante preocupados.
Las comisuras de los labios de Chi Ning se elevaron ligeramente.
No respondió de inmediato.
Se limitó a escuchar la respiración al otro lado de la comunicación.
Solo cuando Chi Mingye estaba a punto de perder la paciencia y repetir la pregunta, Chi Ning finalmente habló con vacilación.
—Mi segundo hermano me llamó para preguntarme si estaba viviendo bien aquí. Mi tercera hermana también me llamó. Y mamá y papá…
—Ningning, te estoy preguntando por tu segundo hermano.
—Lo sé. Mi segundo hermano me llamó, y mi tercera hermana también…
—¡Ningning!
La reprimenda hizo que Chi Ning guardara silencio inmediatamente.
Sorbió por la nariz y respondió en voz baja:
—Lo siento, hermano mayor. Me equivoqué.
Chi Mingye pareció darse cuenta de algo.
Recuperó su tono habitual.
—Tu hermano mayor se impacientó un poco. No tengas miedo.
Chi Ning respondió suavemente.
—Mi segundo hermano me preguntó qué has estado haciendo últimamente. Dijo que a veces pasas dos o tres días sin volver a casa y que está muy preocupado por ti.
—Hermano mayor, por favor, no se lo digas. Mi segundo hermano me pidió que no te contara nada.
Se apresuró a añadir aquella explicación, con un tono cargado de temor.
Chi Mingye pareció reírse.
—Tu segundo hermano siempre ha tenido un carácter impaciente. Cuando se enoja contigo, normalmente solo está bromeando. Pero no te preocupes, ¿cómo iba a contárselo? Este será nuestro secreto.
—¡Mmm, mmm! Nuestro secreto.
Chi Ning respondió con alegría.
—Por cierto, hermano mayor, ¿el general ya te ayudó con el asunto de los cristales azules?
Chi Mingye parecía estar de muy buen humor.
—No te preocupes. El general ya hizo que alguien se pusiera en contacto conmigo. Pero, Ningning, todavía eres pequeño. Los asuntos de la familia son demasiado complicados. No necesitas involucrarte en ellos.
—Está bien. El hermano mayor es muy bueno conmigo.
Chi Ning pronunció aquellas palabras sin la menor expresión en el rostro.
—Desde pequeño, siempre has sido quien mejor me ha tratado.
Al escuchar aquello, Chi Mingye volvió a mostrar preocupación por su bienestar.
Después le recordó que, a finales de mes, debía regresar a la casa de la familia Chi para someterse a una revisión médica.
¿A finales de mes?
Entonces solo faltan diez días.
Chi Ning aceptó.
Esperó a que Chi Mingye terminara la llamada antes de apagar su terminal y cerrar el cuaderno que tenía entre las manos.
En la última página había escrito:
20 de junio. Una llamada de Chi Mingye. Preguntó por los movimientos de Chi Mingfang.
Guardó el cuaderno en el cajón inferior de la mesita de noche.
Después echó un vistazo a la caja llena de libros que tenía en su habitación, se metió entre las mantas y apagó la luz.
Resultaba que su glándula había dejado de crecer porque alguien había obstaculizado su desarrollo.
No estaba dañada desde el nacimiento.
Eso está bien.
Aunque, en realidad, tampoco habría importado demasiado si hubiera nacido con una glándula defectuosa.
No tener glándula parecía evitar muchos problemas.
A la mañana siguiente, cuando Chi Ning despertó, ya habían pasado las nueve.
Se cambió de ropa, se aseó y salió de su habitación.
Descubrió que, por primera vez en varios días, el cielo estaba despejado y ya no se encontraba cubierto por aquella neblina habitual.
Cuando bajó las escaleras, vio que Chu Shaochen ya estaba sentado a la mesa.
Chi Ning se apresuró a bajar y tomó asiento a su lado.
—Buenos días, general.
Durante los días anteriores, Chu Shaochen había permanecido casi siempre en cama debido a sus heridas y rara vez bajaba a comer.
Por eso, Chi Ning tampoco había pasado demasiado tiempo en el comedor.
Verlo sentado allí aquella mañana le resultaba novedoso.
La alegría se reflejó inmediatamente en su rostro.
Después de recibir un vaso de leche y dar las gracias, Chi Ning recuperó su actitud reservada y preguntó con suavidad:
—General, ¿ya se recuperó completamente de sus heridas? Ayer, cuando estuvo aquí el doctor Bai, deberíamos haberle pedido que lo examinara.
Qué desperdicio de una buena oportunidad.
Chu Shaochen dejó el cuenco y lo miró.
—¿Estás muy contento hoy?
—¡Por supuesto! Ya puedo liberar feromonas. ¿Acaso no es motivo suficiente para estar feliz?
Chi Ning apoyó una mejilla en la mano e inclinó la cabeza para mirar a Chu Shaochen.
—¡Estamos hablando de mi glándula y de mis feromonas!
Aunque los miembros de la familia Chi eran unas personas despreciables, tenían tres Alfa cuyos niveles de feromonas podían considerarse aceptables.
Y por eso se comportaban como si fueran superiores a todo el mundo.
Ye Ru y Chi Yun, que eran Omega, tampoco tenían niveles de feromonas particularmente elevados.
Sin embargo, seguían siendo considerablemente mejores que él, a quien siempre habían considerado un Omega inútil desde su nacimiento.
¡Pero ahora tenía feromonas!
¿Acaso aquello no era como darle una bofetada a Chi Yun, que siempre se burlaba de él?
Cuando su glándula terminara de desarrollarse y pudiera someterse a una nueva prueba de nivel de feromonas, sin duda iría a pasearse por la casa de la familia Chi con toda la arrogancia del mundo.
Haré crecer mi glándula en secreto y después les daré el susto de sus vidas.
Las comisuras de los labios de Chu Shaochen se curvaron ligeramente.
—¿Quién fue el que dijo antes que las feromonas no eran importantes?
Podía darse cuenta de que Chi Ning no estaba contento simplemente por haber conseguido liberar feromonas.
Lo que realmente lo emocionaba era la novedad de aquella experiencia.
En el pasado, Chi Ning había sufrido discriminación constantemente por no tener feromonas.
Aunque afirmara que no le importaba, aquellos comentarios estaban presentes en todas partes, recordándole a cada momento que era diferente de las personas que lo rodeaban.
Pero ahora las cosas habían cambiado.
Tenía feromonas.
¡Qué acontecimiento tan novedoso!
Aquellos que se habían burlado de él jamás habrían imaginado que su glándula no estaba completamente dañada.
—Yo lo dije.
Chi Ning lo reconoció valientemente.
—Pero ahora que las tengo, debo admitir que tampoco se siente nada mal.
Después de todo, ¿qué tenían que ver las palabras del Chi Ning de ayer con el Chi Ning de hoy?
Chu Shaochen no pudo evitar sonreír.
Estaba a punto de decir algo cuando aquella tenue fragancia de feromonas volvió a aparecer en el aire.
Esta vez era todavía más dulce que la noche anterior.
Por el rabillo del ojo, Chu Shaochen advirtió el cambio de expresión de un sirviente que estaba limpiando un jarrón cercano.
Se levantó inmediatamente.
La silla produjo un chirrido desagradable al arrastrarse contra el suelo.
Chi Ning levantó la cabeza con desconcierto.
Antes de que pudiera preguntar qué sucedía, Chu Shaochen ya lo había sujetado de la muñeca y se lo estaba llevando.
Chi Ning tropezó y estuvo a punto de caerse.
Intentó resistirse un poco y preguntó, confundido:
—General, ¿qué le pasa?
¿Ha entrado en su período de susceptibilidad?
¡No puede ser!
Apenas había comenzado a liberar feromonas y ni siquiera sabía cómo utilizarlas.
¿Qué se suponía que debía hacer?
¿Por qué se adelantó? ¿No faltaba todavía un mes?
Chu Shaochen miró a Chi Ning y se detuvo.
Después de respirar profundamente, lo levantó directamente en brazos.
Con una mano grande rodeándole la cintura, le dio una palmada.
—Apóyate en mi hombro y no te muevas.
Las feromonas de ciprés azul helado comenzaron a extenderse silenciosamente.
Poco a poco, cubrieron el aroma que Chi Ning estaba liberando de manera inconsciente.
Chi Ning se asustó tanto que casi se le erizó el cabello.
Verse levantado de repente a semejante altura resultaba un poquito…
Aterrador.
Cuando descubrió que Chu Shaochen se dirigía hacia su habitación, se olvidó de todo lo demás.
Temiendo tocar accidentalmente su herida, comenzó a moverse con torpeza mientras intentaba detenerlo.
—General, yo… ¡yo quiero ir a su habitación!
Chu Shaochen acababa de llegar al segundo piso.
Sin dejar de caminar, preguntó:
—¿Por qué?
La mente de Chi Ning quedó completamente en blanco.
Y cuando vio a Wosi junto a las escaleras, observándolos con una expresión de absoluta conmoción, su vergüenza alcanzó el punto máximo.
Se cubrió el rostro con ambas manos y decidió fingir que estaba muerto, escondido contra el hombro de Chu Shaochen.
Respondió en voz muy baja:
—Porque… porque…
—Estoy más familiarizado con su habitación, general. En un lugar conocido me siento más seguro y puedo estar más cómodo.
Chu Shaochen: «…».
Reprimió las feromonas que comenzaban a intensificarse y aceleró el paso.
En cuanto entró en la habitación, cerró la puerta.
Wosi y el sirviente que estaba junto a él intercambiaron una mirada.
Después se marcharon juntos.
Chu Shaochen dejó a Chi Ning sobre la cama.
El rostro del Omega estaba completamente rojo.
—General, ¿ha llegado su período de susceptibilidad? ¡Iré a buscarle un supresor! ¿Dónde lo guarda…?
—No estoy en mi período de susceptibilidad. Hace un momento liberaste feromonas. ¿No pudiste sentirlo?
Chu Shaochen contempló a Chi Ning, sentado sobre la cama, con una mirada profunda.
—Tus feromonas son demasiado dulces.
Al escuchar aquello, Chi Ning abrió mucho los ojos y apoyó las manos a ambos lados del cuerpo.
—¿Demasiado dulces?
¡Qué bien!
¡No huelen a arenque fermentado!
¡Chu Shaochen no estaba intentando consolarme ayer!
Al ver la expresión de felicidad de Chi Ning, Chu Shaochen frunció profundamente el ceño.
Apoyó una rodilla sobre el borde de la cama y se inclinó hacia él.
—¿No has intentado controlar tus feromonas?
Chi Ning negó con la cabeza.
—Lo intenté, pero no pude.
De verdad no podía.
Además, parecía que ni siquiera era capaz de percibirlas por sí mismo.
Una expresión de desconcierto cruzó los ojos de Chu Shaochen.
Olfateó cuidadosamente el aire de la habitación y descubrió que las feromonas de Chi Ning habían vuelto a desaparecer.
Al parecer, realmente no podía controlarlas.
—No pasa nada. Te traje aquí para darte un neutralizador de feromonas.
Chu Shaochen estaba a punto de apartarse para buscarlo y, de paso, tomarse un momento para recuperar la compostura.
Sin embargo, alguien lo agarró de repente y lo obligó a regresar.
Chi Ning contempló a Chu Shaochen, a quien acababa de atraer hacia sí, sin la menor conciencia del peligro.
—General, tengo algo que contarle. ¡Es muy importante!
Casi había olvidado la llamada de voz que recibió de Chi Mingye la noche anterior.
Y aquella llamada contenía información verdaderamente importante.
De no haber sido porque Chi Mingye se había comunicado con él, casi habría olvidado que la relación entre los hermanos Chi Mingye y Chi Mingfang no era tan cercana como aparentaba.
—¿De qué se trata?
Chu Shaochen entrecerró ligeramente los ojos.
—¿Tu hermano mayor se comunicó contigo ayer?
Chi Ning asintió.
Miró a ambos lados y volvió a adoptar su papel de Omega obediente.
—General, ayer mi hermano mayor me llamó para preguntarme por mi segundo hermano. Quería saber si se había comunicado conmigo. Le dije que sí y también le conté todo lo que mi segundo hermano me había preguntado.
Chu Shaochen observó la expresión seria de Chi Ning y le acarició el cabello.
—¿Y qué te dijo tu segundo hermano?
Chi Ning bajó la voz.
—Me preguntó qué había estado haciendo mi hermano mayor últimamente. No le dije nada. Solo respondí que no lo sabía.
Al parecer, Chi Mingfang realmente desconfiaba de Chi Mingye.
Estaba ocupado intentando averiguar qué hacía su hermano mayor a sus espaldas.
Chu Shaochen dejó escapar una risa baja.
—Nuestro Ningning es realmente inteligente.
Al escuchar el elogio, Chi Ning levantó orgullosamente la barbilla.
Sus ojos brillaban de alegría.
—General, no debería elogiarme tanto. ¡Podría volverme arrogante y engreído!
Al inclinar la cabeza, descubrió que Chu Shaochen tenía un brazo apoyado junto a su hombro.
Solo entonces comenzó a darse cuenta, lentamente, de que había algo extraño en su posición.
¡Vaya!
¡Incluso visto desde este ángulo, el rostro de Chu Shaochen sigue siendo perfecto!
En el pasado había visto a Chi Mingye desde una perspectiva parecida.
Y se veía espantoso.
—Cuando estés conmigo, puedes ser tan arrogante y engreído como quieras. No necesitas contenerte deliberadamente, porque nosotros…
Chu Shaochen inclinó la cabeza hacia él.
—A mí no me molesta que te tomes esas libertades.
De repente, alguien llamó a la puerta.
Desde el otro lado se escuchó la voz apremiante de Wosi.
Chu Shaochen apenas había alcanzado a pronunciar una palabra y todavía no había tenido tiempo de ayudar a Chi Ning a incorporarse cuando Wosi abrió la puerta.
—¡General! ¡El mayor Cassius ha tenido un…!
Problema.